30 julio, 2014

Adiós, Chester, adiós.

Ayer fue uno de esos días en que te sientes pletórico y lleno de energía sin una razón concreta. Tal era la ebullición de mi actividad física e intelectual, que apenas 3 horas resultaron suficientes para poner patas arriba la casa. No sé si fue el programa "Lo guardo por si acaso" del canal Bio o el calor asfixiante, pero, de pronto, algunos cacharros repartidos por algunas de las habitaciones que menos usamos de la casa, acabaron por molestarme del todo (porque ya habían comenzado a hacerlo tiempo atrás, pero la pereza y el poco tiempo libre, pudieron más). Lo que más me gusta de una casa, es que si te dejas llevar por ella, está siempre reinventándose, porque ofrece muchas posibilidades. ¿Lo que menos? Que a lo largo del proceso gradual de decoración, puedes ir tirando cacharros inútiles que se acumulan en las habitaciones que aún no has decorado o que aún no tienen una función asignada. Y es gracioso a la par que irritante, porque cuantos más cacharros tienes, más acumulas. Al final te encuentras con varias habitaciones llenas de "por si acaso" y mucho trabajo que hacer. Mi situación en casa no rozaba ni de lejos la de las casas de los enfermos de Síndrome de Diógenes del canal Bio, pero estaba decidida a erradicar la raíz de un problema de orden que podría ponerme los nervios de punta más adelante. Comenzó con la selección de los "se queda", "se va" y terminó a las 10:30 de la noche con mi novio y yo sacando uno de los dos sofás viejos del salón que aún quedaba.
Hace algunas semanas os conté por Instagram que habíamos encontrado una tienda de decoración que nos había gustando mucho, mientras buscábamos sofá nuevo. Pues, bien. El sofá nuevo ya está en casa y ha sido como un soplo de aire fresco para el salón, que lo pedía a gritos. Cuando llegó, sacamos uno de los dos sofás que teníamos y dejamos el otro, como no, "por si acaso" mientras decidimos el siguiente paso a seguir con la renovación del salón. Pero, ayer me cansé de "por si acasos", saqué el sofá de su sitio y en su lugar puse las dos butacas que antes estaban enfrentadas a él.  No era lo que teníamos planeado, porque habíamos pensado en un sofá Chester de piel envejecida para sustituirle, pero ha quedado muy bien. ¡Cuanta amplitud escondida! Cuando lo vi "terminado", no podía creer lo bien que había quedado. Puedo decir que estoy encantada. ¡Y sin haber gastado nada! Inconscientemente, cuando la decoración de nuestra casa permanece igual mucho tiempo, tendemos a encasillarnos y eso nos impide ver las muchas posibilidades de cambio que existen. Algo así me había pasado con el salón. Más que a cambiarlo, íbamos a sustituir los dos sofás que teníamos distribuidos en forma de "L", por otros dos nuevos. El "atrevimiento" de ayer ha ampliado mis horizontes y la idea que tengo ahora en mente, no tiene nada que ver con la anterior.
Todo esto me ha devuelto a una red social que había abandonado últimamente, pero que me gusta mucho. Se trata de Pinterest. Allí es a donde suelo acudir en busca de inspiración sobre los temas que más me interesan en cada momento. Como no podía ser de otro modo, esta mañana he abierto mi cuenta en busca de inspiración sobre "livingrooms" (ya sabéis que los resultados son mejores si la búsqueda se realiza en inglés". Se me ha enrojecido la piel del índice de la mano derecha, pero he encontrado un montón de ideas de entre las que escogeré las últimas pinceladas del salón. Me encanta buscar "Pines" sobre decoración. Me resulta muy relajante imaginar las opciones que más me gustan en mi casa. Es como teletransportarse. ¡Y se aprende un montón! Desde que paso tanto tiempo en casa, puedo decir que no podría vivir sin internet. Es mi ventana al mundo y a las novedades sobre todo lo que me gusta.
En cuanto a la decoración, en los últimos meses he pasado del gusto por lo nórdico "tipo Ikea" a algo más sobrio, tal vez una fusión entre lo rústico y lo industrial que me encanta. El estilo nórdico es muy familiar, gráfico e ingenioso, pero creo que en la actualidad está siendo sobreexplotado. En otras palabras, es lo que está más de moda ahora mismo y suelo aburrirme de esas cosas. Soy de esas personas que cuanto más escuchan hablar de una serie de la televisión, un libro o una película que se ha estrenado en el cine, más lo evito. Y, cuando el furor ha pasado, sólo entonces, compruebo por mí misma "si era para tanto". Es algo que me divierte y que me sale de forma natural, a partes iguales.


Respecto a lo que os contaba del salón, como estábamos tan convencidos y tan enamorados de la idea de sustituir el segundo sofá por el sofá Chester, he pensado que tal vez podríamos evocar esa misma idea con distintos elementos, como una butaca, un taburete o una mesa con aire Chester. Al haber cambiado las butacas de lado, en el lugar en el que estaban han dejado un gran espacio que ha liberado mucho el salón, pero la introducción de una butaca tipo Chester como la que os enseño, no lo cargaría de nuevo y le aportaría a esa esquina un aire genial de "espacio para pensar".





No sé, no sé. Lo que sí sé es que el Chester tendrá que esperar, porque ahora que he visto lo "liberado" que queda el salón con sólo un sofá, ya no quiero meter otro. 
He cambiado la alfombra por otra de piel de vaca que teníamos en una habitación que no utilizamos porque es un "proyecto de futuro" y ahora centra gran parte del protagonismo en ella. Me encanta, le da un toque "safari". Y por eso creo que con meterle uno o, como mucho, dos elementos más en esa esquina, será suficiente: dos sillas que no abulten demasiado, una diván ligero, una mecedora... ¡Se me ocurren tantas cosas!





Algo que para mí se sigue salvando del estilo nórdico, es el balancín Eames. Por más que lo veo, no me aburre, ¡sino que me gusta  más! Llevo unos días sugiriéndole a mi chico comprar una mecedora, porque suelo moverme de adelante a atrás meciendo a Fabio mientras le doy el biberón cuando está algo revuelto. Una mecedora facilitaría el proceso, ¿no? Además, su estética me encanta y creo que encaja en cualquier estilo. Ya sea para completar un estilo moderno perfecto o para romper esquemas aportando modernidad a un estilo rústico.



Por lo que he podido encontrar, hay versiones de sillas Eames diferentes y que me recuerdan bastante al estilo industrial. Creo que voy volverme loca escogiendo.


Es una pena haber descartado la opción del sofá Chester por el momento, pero como sofá principal no funcionaría para nosotros. Somos "muy de sofá" y la comodidad que buscamos en un sofá no la habríamos encontrado en un Chester, por mucho diseño que ofrezca. Aún así, lo dejo en mi lista mental de "proyectos". O en mi Álbum de "Livingroom" en Pinterest (que espero que visitéis y os guste).

27 julio, 2014

Cuestión de fe

Voy a reconocerlo una vez más. Soy un desastre. Y cada vez que me preguntáis si he abandonado el blog me lo recrimino a mí misma. No, no he abandonado el blog. Podría decirse que “he perdido el blog”. Y con esto me refiero a que he perdido el rumbo. A día de hoy no puedo decir que haya encontrado un enfoque con el que sentirme plenamente cómoda o identificada. Sí, esto ha comenzado como un blog de moda, pero… ¿y si me paso los días con pantalón de pijama, camiseta blanca de mi novio, chanclas y moño? ¿Me visto y maquillo para venderos mentiras a vosotros y a la cámara? Supongo que en otro momento esto podría tener algún sentido para mí. Pero, definitivamente, el nacimiento de Fabio no sólo me ha cambiado a mí, si no al mundo entero según yo lo veo. Todo sería mucho más fácil de ser Sara Carbonero o Paula Echevarría, si de verdad sintiera que mi vida interesa o sirve para algo a los demás. Pero, siendo quien soy, no quisiera pecar de egolatría y dar por hecho que lo que soy y lo que hago importa a los demás. El interés por las famosas lo mueve la curiosidad, ¿pero que puede mover ese mismo interés de los demás hacia mí? Esta pregunta es la que me para los pies cuando me planteo un regreso, porque creo que nada puede hacerlo. Y no me importa, porque lo que en realidad quiero hacer es poder ayudar a los demás. Y en cuanto me dispongo a hacerlo, pienso que qué voy a contaros yo a vosotras que no sepáis. No soy la excelentísima y única mejor madre del mundo y tal vez no vaya a contaros nada que otra persona no pueda contaros. Como habréis podido comprobar a lo largo de estos meses y, en especial, en lo que habéis tardado en leer estas líneas, soy una montaña rusa emocional. Sobre todo en lo que atañe a la autoestima. Un día estoy allí arriba y al siguiente estoy aquí abajo. ¿Qué le voy a hacer? No puedo evitarlo. De pequeña rebosaba seguridad en mí misma por los cuatro costados, pero eso se pierde con la adolescencia en la mayoría de los casos Y la seguridad es una cualidad realmente difícil de recuperar. Todo el tiempo estamos expuestos a estímulos que minan nuestra autoestima. Y con todo esto de la egobloggers y todo eso, parece que la exposición es más. Cuando te adentras en el mundo blogger y crees que lo estás haciendo bien, de pronto te encuentras una blogger mejor o una instagramer mejor y empiezas a plantearte si de verdad estás aportando algo. Soy idiota, lo sé. No pretendo ser la mejor. Sé que siempre habrá alguien mejor y no es eso lo que me molesta. Lo que me molesta es resultar inútil para los demás. Sin embargo, cuando venís y me preguntáis cuándo voy a volver a blog, de pronto todo vuelve a cobrar sentido, porque me siento útil. Y es gracias a vosotras. Os leo interesándoos por mí y recuerdo todas esas veces que, sobre todo como madre primeriza, tengo alguna duda y (como siempre) recurro a internet y no encuentro respuestas. Es en esos momentos cuando me doy cuenta de que no se ha escrito sobre todo y que aún puedo aportar algo importante.

Gracias a todas las que me habéis dado este empujón. Las que habéis sido y me estéis leyendo, sabréis quiénes sois. Prometo no irme más. Prometo creer en mí tanto como creéis vosotras.