16 mayo, 2014

Suerte








· Blusa: White&One. | · Falda: Zara TRFL (old). | · Sandalias: Bershka (old). |
· Collar: White&One.

¡Hola a tod@s y feliz viernes!

No suelo tener lo que se dice "suerte en el azar". Nunca gano ningún sorteo. Tampoco puede decirse que participe en muchos. Sólo en los que me hacen especial ilusión. Supongo que por eso el chasco es aún peor al comprobar que (una vez más) no he sido la persona afortunada. Pero, el año pasado debieron de alinearse los astros en mi signo, o como quiera que se diga, y gané dos entradas para la Expobec de A Coruña en el sorteo celebrado por Todoempiezapor-t. Y allá fui a echar un vistazo. Había mucho "más de lo mismo", pero también despuntaban algunos stand que olían a diferente, fresco y nuevo. Yo me presenté a lo descarado con una cámara réflex que a duras penas sabía manejar y la ilusión de quien acaba de abrir un blog rebosante de esperanzas. Por aquel entonces, se llamaba "El miedo elástico", pero con el tiempo esto fue dando bastantes brincos. El caso es que el primero de los stands que llamaron mi atención, fue el de Huis Clos. Enseguida me sentí identificada con todo lo que me rodeaba al entrar en él y pensé que sería una pasada poner la planificación de mi boda en sus manos algún día (si es que llega).
H ace poco se han puesto en contacto conmigo para enseñarme el making off del stand y me ha traído un montón de recuerdos bonitos. No sólo del día en el que les conocí y me colé en su stand para fotografiarlo todo descaradamente (no podía parar, era todo precioso). Si no, también, de algunas cosas que he aprendido durante este año, como hacer ganchillo, el scrapbooking y demás. Son realmente geniales y todo sale de sus cabecitas y sus manos talentosas. No sé, a mí me parece que hay una parte de nosotros en todo lo que hacemos con nuestras propias manos. Y este vídeo me ha descubierto por qué sentí que el stand de Huis Clos tenía alma en cuanto lo tuve enfrente.
Pero como una imagen dice más que mil palabras, aquí os dejo el link del vídeo del making off:

https://vimeo.com/93230879

¡BUEN TRABAJO, CHICOS!

Por otra parte, hoy os traigo un look absoluta y completamente especial para mí. La blusa por... Pues, simple y llanamente, porque es de White&One, porque Blanca es un encanto y me volvería lesbiana por ella de no haber formado ya una maravillosa familia junto a mi chico jajaja. Blanca me va a matar por escribir esto (y probablemente, ¡mi novio también! jaja). Fuera bromas, aunque se trata de una tienda online para todos aquellos que no vivamos en Madrid o en Sevilla, ciudades en las que se emplazan sus tiendas físicas, el trato online es inmejorable. Podréis encontrarles como @whiteandone en IG o en su tienda online. Vale la pena echar un vistazo, porque tienen cositas súper especiales, con un toque mágico de lentejuelas y a precios muy asequibles. Sobre todo teniendo en cuenta que de todo lo que hacen hay unidades limitadas y eso le confiere un valor a las prendas imposible de pagar. Te sientes especial con ellas.
Si me dicen, White&One, lo primero en lo que pienso es en sus blusas con bolsillos de lentejuelas. Diría que, para mí, constituye su sello de identidad. Y es que son preciosas, versátiles y elegantes. Lo primero que compré fue una de estas blusas, pero otra vez (como no) mi carencia de suerte tuvo que hacer acto de presencia y Correos extravió mi pedido. Blanca fue muy atenta conmigo y se preocupó de esta incidencia de principio a fin, intentando ponerle solución hasta que ya no hubo otro remedio que olvidarse de la blusa y me dejó escoger cualquier otra cosa que me gustara de la shop por el valor de la blusa. Nunca me ha dado demasiada confianza comprar por Internet, pero desde que conozco a Blanca y White&One, me siento como comprando en la tienda física con ellos. ¡Y menos mal! Porque desde que les he conocido, me enamoro de absolutamente todo lo que hacen y tengo ya bastantes cositas suyas que le han dado un toque especial a mi armario.

¿Nunca os ha pasado que tenéis ciertas prendas en vuestro armario, que siempre que las veis pensáis en tirarlas, pero nunca lo hacéis? Esa es la historia de mi vida con esta falda. Y, a día de hoy, puedo decir que me alegro muchísimo de haberla guardado. La compré con 19 años en Zara. Es de cintura alta elástica y nunca encontraba con qué ponérmela. Me la he puesto con bastantes cosas diferentes a lo largo de estos años, pero ninguna me convencía. Creo que hoy he encontrado las piezas del puzzle con las que encaja perfectamente. Y me encanta cómo ha quedado. La tengo también en color azul vaquero. Es bueno (y muchas veces necesario) desprenderse de la ropa que ya no nos ponemos. Una vez leí, creo que en la cuenta de Twitter de alguien, que "lo que llevas más de un año sin ponerte, no pinta nada en tu armario". Y es una verdad como un templo. Sin embargo, cuando una prenda te dice tanto por sí sola, es una pena tirarla por no saber con qué ponértela. No sé, yo creo que se trata de intuición. Las mujeres sabemos mucho de eso, ¿verdad? Ocurre que una prenda parece clamar que no la tiren. Unas veces por atención a una intuición certera. Otras, simple Diógenes.

Por último, las sandalias y la pulsera que llevo, son incorporaciones del año pasado. Las primeras, una súper ganga de las rebajas que me recuerdan mucho a mis primeros pasos viviendo en la casa que ahora llamo hogar. La última, el primer regalo que me hizo mi chico y que siempre me recordará quiénes somos y por qué estamos aquí. En ocasiones es bueno tratar de remontarse a los comienzos, porque allí suele estar todo aquello por lo que empezaste.


Para despedirme me gustaría contaros que mi pequeñín cumple 3 meses el domingo. ¡Cómo han volado! Tengo la impresión de habérmelo traído a casa hace sólo un mes. Y es que cuando eres feliz y estás disfrutando, el tiempo pasa volando. ¿Sabéis de alguien que venda una máquina del tiempo? ¿No? ¡Venga! ¿Alguien por ahí? Pues nada, chicos... Mi gozo en un pozo. Tendré que conformarme con disfrutar al máximo cada segundo con mi pequeño, hacerle todo lo feliz que esté en mi mano y serlo yo misma junto a él. ¡Que no es poco! Pienso que la chispita de la vida, es ser conscientes de que no es para siempre y que, por ello, hay que vivirla intensamente.




¡BUENAS NOCHES A TODOS Y MUY FELIZ FIN DE SEMANA!



01 mayo, 2014

6 cosas sobre la maternidad que (incomprensiblemente) nadie te ha contado antes.


"Lo que nadie te cuenta
 cuando estás embarazada,
es que después del parto
eres madre."

(Rocío Lusa, gran persona, instablogger y mejor madre).


Esta mañana me he levantado con el pie izquierdo y me he puesto a analizar mi existencia presente. Devanándome los sesos hasta límites insospechados, he llegado a cuestionarme por qué llevo casi un mes sin actualizar mi blog. Al hacerlo, me he descubierto a mi misma evitándolo por considerar que no era el momento "perfecto" y que, por ende, no tenía nada interesante, es decir, "perfecto" que contaros. ¡Dios mío! ¿Os habéis fijado en el montón de bloggers e instablogger que están embarazadas ahora mismo o han sido madres súper recientemente? Pues, si no lo sabíais, os lo cuento yo. Están por todas partes. Leo sus blogs y veo sus fotos en Instagram y me pongo mala, de verdad (desde el respeto, entiéndanme). Pero, es que es indignante. Ahí las tienes, subiendo fotos de sus desayunos, comidas y cenas bajas en calorías en la procura del embarazo perfecto y la espectacular recuperación una semana después (que si puede ser media, mejor, oiga) y la consiguiente foto detonante de todas las envidias y el consabido subidón de autoestima de la "blogger" en cuestión. No puedo. Un día me prometí a mí misma abrir un espacio libre de retoques y cortes, lejos de una vida perfecta que nadie tiene. ¿Qué puedo decir? Entono el mea culpa. He pecado. He dejado pasar casi un mes esperando que mi vida fuera tan perfecta como la que otros muestran y he sido idiota. La vida no es perfecta, ni antes, ni mucho menos después de tener un bebé. Por eso he venido hoy a pediros perdón por mi imbecilidad recientemente adquirida y puedo decir ya que abandonada a su suerte. No la quiero. Y para demostrarlo y redimirme, os traigo la dismitificación de algunos de los tópicos más frecuentes de la maternidad. 

1. Ser "una madraza" no viene de serie.
Y esto es así. De verdad, no dejéis que os hagan creer lo contrario. 
Si durante los últimos nueves meses has tenido infinitos miedos y dudas, ¿qué creéis? ¿que el día del parto desaparecen todas un plumazo? ¿que se quedan en el suelo del paritorio junto con vuestra placenta? Pues, no. Seguiréis igual de asustadas, de inseguras, de perdidas. Y esto es algo que no cambiará hasta que echéis a andar con vuestro bebé. A andar porque no queda otro remedio, no porque sepas el lugar exacto en el que debes colocar tu pie en el siguiente paso. Y a base de caminar y tropezar, te conviertes en madre. Que no en "madraza", en madre que, creedme, ya es algo.
El hecho de dar a luz no te dota de un súper poder para saber por qué llora tu bebé, por qué no duerme, si tiene frío, si tiene gases... Pero, aprendes. Y un buen punto de partida para hacerlo es admitir que no tienes ni idea de nada (sobre todo con el primero). Y es que el "buenmadrismo" no cae del cielo como un milagro divino. Por lo cual, no es bueno que os lo auto exijáis y, muchísimo menos, dejar que esa exigencia venga de fuera. Sea quien sea.

2. No tienes que ser una súper mujer.
Básicamente, porque no existe. Y no existe, porque es imposible encargarse de la casa, del trabajo, de tu pareja, de ti misma, de tu bebé, de tu perro, de la operación bikini y no morir en el intento o acabar loca de psiquiátrico. Sé que lo ideal sería lucir tan bella como esas súper mujeres recién paridas que salen en las revistas en sus casas impolutas, con su pelo perfecto y su vestido Versace de la 34. Pero, no atienden a la realidad. La verdad es que cada día harás lo que tu bebé y tu propio cuerpo y su cansancio acumulado te permitan. Y esto no es malo. Cada día es un balance de prioridades en el que el primer puesto lo ocupará siempre tu bebé. Y a partir de ahí, lo demás se convierte en complementario. Si un día no has podido pasar la aspiradora, no pasa nada. ¡Fiesta de pelusas! Que se diviertan por un día. Al siguiente (o al otro), ya limpiarás.
La hora y media que te pasabas en el baño cada mañana, olvídala. Sé que es traumático. Todas necesitamos mantener unos niveles mínimos de autoestima y feminidad. Pero, no es para tanto. Os lo aseguro. Una vez que lo has aceptado, hallarás en la comodidad a tu mejor aliado y el pijama, las pantuflas y el moño ya no te parecerán tan terribles. Sobre todo durante los primeros meses, poco saldrás de casa, así que no vale la pena agobiarse. Arréglate los días que te apetezca y encuentres un ratito para hacerlo y aquéllos en los que salgas a dar una vuelta (eso sí que es imprescindible). Si sales a dar una vuelta, es que tienes un ratito libre. Pídele a papi que atienda al bebé media horita antes de salir y hazlo orgullosa de ti, de la mamá guapa en la que te has convertido. Pero, el resto de los días, relájate: comodidad y pa'lante, que ya habrá tiempo para volver a ser la que eras.

3. No os convertiréis en la  familia perfecta nada más dar a luz.
Y con esto me refiero más concretamente a la relación con vuestra pareja. En lo que atañe a la relación papi-bebé, mami-bebé, poco o nada hay que decir al respecto, sale de forma natural. Y lo que haya que decir, lo diré dos apartados más abajo. Pero, ¿qué sucede con vosotros? Una buena amiga de la familia nos dijo, poco tiempo después de nacer bebé Fabio, que una relación tiene que ser muy fuerte para que la llegada de un hijo una y no separe. En el momento no lo entendí, pero el paso del tiempo le dio la razón. La ausencia de sexo durante la mayor parte del embarazo, si no todo, la cuarentena, la ausencia de líbido, el poco y malo sueño, los cuidados del bebé... Son muchísimas cosas que cargar a las espalda de la relación y hay que estar preparados. Esa imagen mental que todas nos hacemos durante el embarazo de nosotras con nuestra pareja y nuestros hijos, posando cual familia feliz junto a la chimenea en Navidad, no se produce inmediatamente. No por lo lejos o cerca que te pillen las fiestas Navideñas en relación con la fecha de tu parto, sino porque, como todo de lo que hemos venido hablando hasta ahora, necesita tiempo, paciencia, dedicación, comprensión y amor, mucho amor. No es fácil convertirse en padre, porque nunca es como lo imaginabas. Es duro, ¿por qué no decirlo? Y nosotras aún tenemos una excusa, "son las hormonas", que nos ayuda a relajarnos y tomarnos las cosas con calma. Pero, ¿y ellos? ¿qué pasa con los papis? Nadie se para a pensar en ellos, pero imagino que no será nada fácil para ellos encontrarse a su mujer cada dos por tres llorando por las esquinas sin motivo aparente o, peor aún, justificándolo con las dichosas hormonas. Durante el embarazo nosotras experimentamos un montón de fases, tanto físicas como psicológicas, que nos preparan para lo que vendrá después. Al fin y al cabo, el motivo de tanto revuelo crece en nuestro interior durante nueve meses. Pero, para los papás la paternidad llega como una tormenta de verano: de repente y sin avisar. No es de extrañar que ellos también necesiten un tiempo de adaptación a la nueva situación. Es más, creo que la necesitan incluso más que nosotras.
Entonces, tendremos un papi y una mami perdidos, cansados, abrumados,  sucios, en chándal y sin sexo. ¡Menudo cuadro! Aquí es donde entra la comprensión y el amor mutuos y, con tiempo, todo será igual, ¿qué digo igual? Mucho mejor que antes. Un hijo es lo más bonito que tu pareja puede darte. Y esto no es un tópico, es verdad.

4. No se olvida todo en cuanto ponen a tu bebé sobre ti al dar a luz.
Lo habréis escuchado una y otra vez en todos y cada uno de los relatos de partos de otras mujeres que os hayan contado el suyo. "Duele mucho, pero te olvidas de todo cuando te lo ponen encima". Y de tanto escucharlo, lo creí. Y rezaba una y otra vez mientras empujaba en la sala de partos, para que me pusieran a mi bebé encima y se me pasara todo cual analgésico divino. Pero, no. No lo olvidé y no se me pasó nada. Agarré a mi hijo con fuerza y no dejaba de alternar mi mirada entre mi pareja y mi hijo. Una y otra vez, como si aún no pudiera creer o entender lo que por fin estaba pasando. Sentí su cuerpecito resbaladizo pataleando sobre mi dolorido vientre, escuché durante minutos su llanto, intenté ponerle al pecho y no lo agarró... Fueron momentos de verdadera angustia. Si bien es cierto que mi bebé nació con insuficiencia respiratoria y una infección de naturaleza que a día de hoy desconozco y tuvieron que quitármelo pocos minutos después de nacer. Probablemente por todo esto nuestro primer encuentro no fue tan agradable como lo había imaginado. Pero, independientemente de lo agradable o no de ese momento, durante el transcurso del mismo, jamás dejé de sentirme agotada, abrumada, exhausta y dolorida. Algo tan duro como un parto no se olvida en un segundo, ni en un minuto, ni en días. Yo me pasé dos semanas acordándome del dolor del parto cada vez que me sentaba o iba al baño. ¡Y anda que no hacía tiempo que me habían puesto a mi bebé encima! Es más, lo tuve encima unas cuantas veces más antes de llegar a olvidarme realmente del dolor y el esfuerzo realizados.
Así que no os sintáis culpables por no disfrutar de un primer contacto con vuestro hijo que se ajuste a la "versión oficial", porque, ya sabéis: "De lo que veáis, la mitad. Y de lo que oigáis, nada". Es un súper mito, de verdad. Para algunas, será el mejor momento de sus vidas y otras, lo recordarán por las ganas imperiosas de que le quitaran a ese pequeño ser de encima y se lo devolvieran en un momento quizás más apropiado. ¿Quién sabe cuál te va a tocar a ti? Pero, sea cual sea, has de saber que el uno es igual de natural y lícito que el otro. Aunque uno esté más extendido que el otro en el boca a boca popular, tan dotado de cinismo y prejuicios que parece que una madre no puede seguir siendo humana tras el parto.

5. El consabido instinto maternal, así como el amor por tu hijo, se hace, no nace cuando lo hace él.
El posparto es psicológicamente muy complicado. En mi caso, muchísimo más que físicamente. Y creo que gran parte de la culpabilidad reside en prejuicios de esta calaña. Nos venden, sobre todo las madres ya experimentadas, que los hijos son lo mejor que te pasa en la vida, que se convierten en tu motivo para luchar en la vida y bla, bla, bla... Pero, ¡es que volvemos a lo mismo de siempre! ¿Por qué no podemos hablar con maldita claridad? Definitiva y rotundamente, no das a luz y al día siguiente te levantas muerta de amor y espíritu de sacrificio por tu hijo. Muy probablemente, durante los primeros días te harás esta pregunta: ¿en qué  narices estaba pensando yo cuando decidí tener un hijo? ¿es que no podía esperarme un poquito? Y esto, señoras y, sobre todo, señoras, ¡NO ES MALO! A ver si nos enteramos de una maldita vez. Es natural, ¡jolines! (que no se pueden decir tacos, que estamos en horario infantil). Natural y lícito, no me canso de decirlo. Tenemos derecho a necesitar tiempo para forjar un verdadero e incondicional amor por nuestros hijos, tenemos derecho a llegar a plantearnos si nos arrepentimos de haberlos tenido, tenemos derecho a echar de menos todo a lo que hemos tenido que renunciar, tenemos derecho a llorar y a tener tanto sueño que mandemos a papi a tranquilizar al niño que llora. Tenemos derecho a un montón de cosas más de las que nadie habla, porque las mujeres vivimos con miedo a ser juzgadas como malas madres, porque se supone que tenemos que amar incondicionalmente a nuestros hijos en cuanto nacen y no podemos hablar de lo mal que lo hemos pasado. Y se supone que tenemos que ser madres coraje desde el minuto cero, y tenemos que ser las más sacrificadas, las más entregadas, las que saben sacar todas las manchas y huelen a distancia si su hijo tiene fiebre o no. Se supone, se supone, se supone, pero todo son absolutas estupideces (con perdón de la expresión). Todas estas presunciones consiguen hacernos sentir una auténtica porquería y minar nuestra autoestima como madres durante los primeros días de nuestra maternidad, porque nada de esto viene de serie y.
Serás la persona más feliz del mundo por tener a tu hijo algún día, pero no será el día del parto, ni el siguiente, ni el siguiente, ni el siguiente... ¡Date tiempo!

6. ¡Ah! Por último, que no por ello menos importante, las mascotas.
Sé que, probablemente, las que estéis embarazadas ahora mismo os neguéis darme la razón. Y no voy a reprenderos por ello, porque habréis hecho lo mismo que hice yo en su momento: autoconveros a vosotras mismas de que no ocurriría bajo ningún concepto. Pero, es así. Siento desvelar que por mucho que os hayáis propuesto que no, las que tengáis mascota vais a dedicarle muchísimo menos tiempo y el trato con ella cambiará cuando vuestro bebé haya llegado. Lo digo porque a mí me ha sucedido. Mis dos perros han pasado de poder subirse al sofá siempre que quisieran al "¡Baja del sofá, Yara, que estás sucia!", porque muchas veces acuesto a Fabio en él. Y, claro, no puede ser que esté lleno de porquería (por poner un ejemplo). En fin, cositas así. Cositas sobre todo de madre primeriza que, si pudiera, metería la casa entera en el esterilizador varias veces al día para que al niño ni le roce ni un microbio. 
Espero que sea pasajero, por ellos y por mí, porque echo de menos el tiempo con ellos y la naturalidad de la que gozaba nuestra relación antes del "Fabiomundo". 


Podría contaros algunas cosillas más, pero no pretendo desanimaros. Formar una familia es realmente maravilloso, no me malinterpretéis.  Pero que no os engañen, también tiene cosas malas. Como todo en la vida. Ni más, ni menos. Lo que nunca entenderé es el silencio imperante sobre estas cosas, si todas hemos pasado por lo puñetero mismo. En fin, tranquilas, que mientras queden madres realistas, sin pelos en la lengua y muy poco fans de la extra ñoñería que todo se empeña en teñirlo de rosa, hay salvación para las madres futuras y consuelo para las madres presentes que no pudieron encontrarlo cuando lo necesitaban. Dicen que nunca es tarde y aquí estoy yo, siempre con vosotras, mamás.